La luz en las escaleras



Aborrecía los temporizadores, esa suerte de azar lumínico que te deja a oscuras cuando menos lo esperas, así que adquirió la costumbre de llevar siempre una linterna en el bolsillo de la chaqueta, porque ocurría que si subiendo las escaleras la luz se apagaba de pronto, él se quedaba al instante paralizado, incapaz de dar un paso más hasta que algún vecino que salía de su piso o entraba en el portal pulsaba el interruptor, lo que daba lugar a escenas un tanto embarazosas cuando el súbito alumbramiento se producía cerca de su posición y el vecino le veía de pronto como si hubiera estado esperándole agazapado entre las sombras y entonces venían los sustos y las disculpas y las vergüenzas, aunque lo peor de todo, lo que de verdad le convenció de la conveniencia de llevar siempre una linterna en el bolsillo, ocurrió cuando el apagón se produjo a una hora tardía, resultando ya improbable, como así fue, que ningún vecino fuera a salir o entrar en la casa y, por supuesto, pasó toda la noche en el mismo escalón, la espalda contra la pared, intentando no quedarse dormido.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este momento de luz.
    Mi vida cambió desde que en las escaleras del edificio donde vivo, pusieron de forma automática su alumbramiento según ibas subiendo de piso. Por un lado, se agradece; por otro lado, te puede acostumbrar a algo que no deja de ser, de alguna manera, un poco artificial.
    Muy bonito el cuento.

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  2. Gracias por el comentario, me alegro que te gustara el cuento.
    Lo del automático es práctico, pero ciértamente le quita misterio a las escaleras ;-)

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  3. la obscuridad siempre ha tenido su misterio y es un acogedor lugar para dar rienda suelta a la imaginación, los recuerdos y los miedos. La luz muchas veces nos deslumbra

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    Respuestas
    1. Gracias Cris por tu comentario.

      Lástima de firma sin enlace, los nombres también llevan su carga de recuerdos.

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