Relato de Nochevieja



31 de diciembre. Nochevieja. Noche oscura.

Desde el ventanuco de mi cuarto veo llegar los primeros invitados a casa de Sara. Ella sale al jardín a recibirlos, los abraza y empuja luego suave pero animosa hacia la luz interior.

Yo también estoy invitado, pero no voy a ir. Al menos de momento.

Sobre la mesa tengo un cuaderno de cuartilla nuevo con tapas negras. Por la tarde se me ocurrió que podía escribir toda la historia desde la noche del accidente y luego dejarla en su buzón antes de irme.

Compré el cuaderno, pero después llegaron las dudas. Si confesar ha de servir para algo, me decía, habrá de ser cara a cara, un manuscrito abandonado es una cobardía. Y sin embargo también pensaba que aunque la historia que debo contar no es demasiado compleja tiene sus pequeños detalles de gran importancia que me convendría escribir antes. Las historias reales tienen forma gaseosa, son demasiado volubles, no se dejan atrapar con facilidad, y en determinadas circunstancias pueden llegar a estallar.

Así que decidí utilizar las horas nocturnas para escribir en mi cuaderno negro, y cuando amanezca y la fiesta haya terminado, pero antes de que Sara y el chico se acuesten, me acercaré a su casa y les pediré que me escuchen.

Quizás después, ésta vez, pueda irme en paz.