Tres momentos estelares de la literatura del siglo XX (II): Bukowski abandona la oficina de correos

Trampero
Una mañana a principios de enero de 1970 un hombre entra en la central del Servicio de Correos de Los Angeles, California, se dirige a la sección de personal y le dice a la recepcionista: "Quiero dimitir".

Ese hombre es Charles Bukowski, poeta marginal, escritor maldito y repartidor de correo durante quince años. Es la segunda vez que dimite y está convencido de que será la definitiva. Rellena los formularios que ponen ante él con la ley del mínimo esfuerzo, ningún problema, ninguna queja. Cuando le preguntan por qué dimite, contesta: "Para hacer carrera". Y cuando le piden más detalles sobre lo que piensa hacer, añade: "¡Trampear! Ratas almizcleras, nutrias, visones, castores, mapaches. Todo lo que necesito es una piragua".

Pero es otra la aventura a la que se lanza. El mismo día en que abandona su empleo llena el frigorífico de cervezas, baja las persianas y comienza a escribir. Y a pesar de las visitas que le interrumpen intrigadas por su decisión, en apenas 19 días termina un manuscrito de 90.000 palabras al que titula Cartero.

Entonces llama a John Martin, su editor, y le dice: "Ya está hecho".