Tres momentos estelares de la literatura del siglo XX (I): Borges, autor de Pierre Menard

El jardín de los senderos que se bifurcan


Ocurrió en Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1938.

Jorge Luis Borges llega a casa de una amiga chilena y encuentra el ascensor estropeado. Sube las escaleras y con la prisa no repara en una ventana recién pintada y abierta de par en par. El filo roza su frente causándole una herida que pese a los primeros auxilios pronto se infecta. Esa misma noche alcanzará 40º de fiebre.

En el momento del accidente Borges tiene 39 años. Ha vivido en Buenos Aires, Ginebra, Mallorca, Sevilla, Madrid y vuelta a la Chicago agentina. Ha publicado tres libros de poesía, una biografía, dos libros de ensayos y un primer acercamiento a la narrativa: Historia Universal de la Infamia. Ha escrito con su nombre o diferentes seudónimos críticas, pequeñas biografías, traducciones y relatos en revistas como Sur, El Hogar y Suplemento Dominical en Buenos Aires, y Cosmópolis, Grecia o Ultra en España, además de haber participado en la fundación de otras como Prisma o Proa. Ha conocido el vértigo de las vanguardias y la fiebre de los manifiestos en las tertulias madrileñas. Ha trabado amistad con Cansinos Assens y Macedonio Fernández, maestros, y con su futuro compañero de aventuras sobre el papel Adolfo Bioy Casares. Y sobre todo, ha leído. Sin exagerar mucho se puede afirmar que lo ha leído casi todo.

A lo largo de este tiempo Jorge Luis, o Georgie para la familia y amigos íntimos, se ha ido poco a poco difuminando en paralelo a su progresiva pérdida de visión, para ir dejando paso a Borges, el personaje. La estancia en el hospital será el inicio de un cambio de rumbo definitivo en su vida.

Porque es a un hospital donde le tienen que llevar una noche cuando tras una semana de cama y fiebre pierde el habla y parte de la movilidad. Es operado de urgencia y pasa otras dos semanas entre la vida y la muerte, en un delirio en el que ve tigres que entran por la puerta y antepasados que vienen a visitarlo.

Cuando por fin la fiebre remite, Borges desconfía de su integridad mental. Pide a su madre que le lea un libro y tras unas páginas la interrumpe y dice: "Está bien. Lo comprendo todo." Entonces duda si podrá volver a escribir. Decide probar con algo que apenas ha hecho hasta ese momento: escribir ficción. De esta forma la dificultad del reto cargará con la responsabilidad ante un hipotético fracaso.

Y así es como nace Pierre Menard, autor del Quijote, el hombre que convirtió una obra maestra del siglo XVII en una obra maestra del siglo XX. Y tras él, que aún se presenta en la revista Sur bajo el disfraz de un ensayo, un paso más adelante, la metafísica y la novela de aventuras trabadas en un relato de apenas quince páginas: Tlön, Uqbar Orbis Tertius. Y después Las ruinas circulares, La lotería en Babilonia, La biblioteca de Babel... y Borges convertido ya en Borges, el otro que escribe las páginas.