Superpoblación de los sapos


Ignoro si fue antes el encantamiento o el cuento, pero lo cierto es que el feliz recurso del príncipe hermoso que por siniestros hechizos ve reducida su existencia a la del vulgar sapo a la espera de que alguna bella joven bese su piel viscosa, se convirtió pronto en lugar común. La guerra de precios declarada en el sector de las ciencias ocultas debido al exceso de licenciadas en Magia Negra en las últimas promociones, acercó el mundo del maleficio por encargo a un sector del público que hasta entonces se había limitado a susurrar sobre estos temas junto a las hogueras del invierno. Como consecuencia, y a medida que la población de sapos crecía en progresión aritmética invadiendo lagunas y campos adyacentes, a igual ritmo descendía la media de su alcurnia. Resulta lógico, por tanto, que tras la frontal oposición de la Sociedad Protectora de Animales y varios colectivos ecologistas a una operación militar contra la marea de sapos que amenaza ya con invadir algunas ciudades, haya fracasado también la idea de poner en marcha caravanas de mujeres casaderas, ya que las posibles candidatas se negaron en redondo a aceptar la responsabilidad de que tras el beso ritual se vieran obligadas a casarse con cualquier hijo de vecino.