Pívot titular


Yo fui el pívot titular de Los Angeles Lakers.

Cada vez que saltaba al campo en el quinteto inicial, y ocurrió con mucha frecuencia a partir del segundo año en el equipo, una descarga me recorría la espina dorsal y a partir de ese momento mi única obsesión era ganar aquel partido.

Mi mejor amigo era un poeta, el mejor poeta americano según los críticos. Era en realidad un viejo amigo de mi mujer, de la época en la que habían coincidido en la universidad, pero después de la boda se había convertido también en mi mejor amigo y los tres junto con las sucesivas amantes de él compartimos restaurantes, fiestas y viajes de vacaciones, y yo asistía a las presentaciones de sus libros y a él no era raro verlo en primera fila cada vez que jugábamos en el Forum.

Una tarde mi mujer me preguntó: "¿Qué crees tú que es más importante, ser el pívot titular de Los Angeles Lakers o el mejor poeta americano?", y desde esa tarde mi matrimonio dejó de existir y el mejor poeta americano dejó de ser mi mejor amigo.

Después de eso jugué cinco temporadas más y fui el máximo reboteador de la liga en dos ocasiones y gané un anillo de campeón y mi número fue retirado del equipo.

Parece ser que mi exmujer y el mejor poeta americano aún viven juntos, pero eso no es nada comparado con ser el pívot titular de Los Angeles Lakers y ganar un anillo y que tu número sea retirado del equipo.

Y además, ¿a quién coño le interesa la poesía?

¿Responde eso a tu pregunta, cariño?

El guardián de la promesa


Por fin, tras una hora de dudas y pruebas, dando bruscos giros en su paseo por calles comerciales y mirando el reflejo en los escaparates, se dirigió al hombre de la gabardina negra.
¿Me está siguiendo?
Sí.
¿Y…?
Soy el guardián de su promesa.
No lo entiendo.
El hombre de la gabardina hizo un gesto de disgusto.
Usted, con su actitud, me obliga a recordar hechos desagradables. Usted saldó una deuda de juego con dinero de la empresa. Sin duda, tenía intención de reembolsarlo, pero le descubrieron antes.
Él palideció y dio un paso atrás.
Pero ese asunto ya está resuelto, protestó con un hilo de voz.
Lo sé, lo sé. Su jefe es un hombre clemente y accedió a que restituyera el importe sustrayendo una cuota mensual de su nómina, pero además hizo usted una promesa tanto a su jefe como a su esposa. Prometió no volver a jugar.
El hombre de la gabardina negra guardó entonces silencio.
¿Y piensa usted seguirme a todas partes para verificar que cumplo?
A todas partes no. No voy a entrar en su domicilio, ni en los servicios de un restaurante, ni en su oficina, ni , en general, en aquellos lugares donde no exista la posibilidad de jugar a las cartas.
Nadie me ha informado, esto es ridículo.
Y sin embargo así se ha decidido.
Este argumento le pareció tan poco consistente que le animó a replicar hasta la arrogancia.
Su vigilancia no vale nada. Le he descubierto enseguida y además soy más joven y ligero que usted. Si ahora comenzara a correr entre esta multitud, pronto me perdería de vista.
El otro exhibió una sonrisa mínima y triste.
Mi contrato me obliga a darme a conocer y explicarle las condiciones. Entre estas que cualquier intento de huida equivale a la ruptura de la promesa. Si usted escapa yo no voy a seguirle. Me limitaré a informar a su esposa y jefe para que inicien las acciones oportunas.

Superpoblación de los sapos


Ignoro si fue antes el encantamiento o el cuento, pero lo cierto es que el feliz recurso del príncipe hermoso que por siniestros hechizos ve reducida su existencia a la del vulgar sapo a la espera de que alguna bella joven bese su piel viscosa, se convirtió pronto en lugar común. La guerra de precios declarada en el sector de las ciencias ocultas debido al exceso de licenciadas en Magia Negra en las últimas promociones, acercó el mundo del maleficio por encargo a un sector del público que hasta entonces se había limitado a susurrar sobre estos temas junto a las hogueras del invierno. Como consecuencia, y a medida que la población de sapos crecía en progresión aritmética invadiendo lagunas y campos adyacentes, a igual ritmo descendía la media de su alcurnia. Resulta lógico, por tanto, que tras la frontal oposición de la Sociedad Protectora de Animales y varios colectivos ecologistas a una operación militar contra la marea de sapos que amenaza ya con invadir algunas ciudades, haya fracasado también la idea de poner en marcha caravanas de mujeres casaderas, ya que las posibles candidatas se negaron en redondo a aceptar la responsabilidad de que tras el beso ritual se vieran obligadas a casarse con cualquier hijo de vecino.